Investigartes: Artes, Educación y Filosofía

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CRISIS DEL CONOCIMIENTO O CÓMO CONOCE EL HOMBRE DE HOY

Claudia Garrido Buzeta

 

Para introducirnos en este escrito cabría partir por la siguiente interrogante: ¿Cómo es el proyecto social de hoy en día?

Desde mi punto de vista, el proyecto social de hoy se caracteriza por estar centrado en el mercado, en los valores puramente económicos, en los intereses de los grandes grupos industriales y financieros.  Dentro de este contexto, ¿qué consecuencias tendría esta situación en el aspecto educativo?

El ámbito educativo es, hoy por hoy, un tema de debate, por cuanto éste constituye el proyecto de vida institucional donde se materializa el deber ser de los modelos y proyectos educativos y de la sociedad que se aspira.  Entonces, ¿a qué tipo de sociedad se aspira?

Responder esta pregunta nos lleva a distintas respuestas, dependiendo de dónde estemos instalados. Desde la mirada Félix Guattari planteo la respuesta de esta interrogante desde la temática del deseo: aquello que anhelamos a tal punto de paralizarnos y quedarnos como “pez en el anzuelo”, una forma optimista de querer como sociedad alcanzar un sueño, el de hombre deseado, el ideal de hombre y sociedad.  No obstante, nuestro inconsciente, producto de las producciones de subjetividad nos traiciona o aquello que deseamos se pervierte a tal punto, de desear ser sometidos, conducidos, dirigidos, subyugados por las clases dominantes.

Por otra parte, podría decirse que el currículum educativo tiene por meta la reestructuración y reformulación educativa, que se discute por una mayor eficiencia social y económica, puesto que es en este espacio donde las luchas alrededor de los distintos significados de lo social, educativo y político, tienen lugar.  Así, puede entenderse como el lugar donde los grupos sociales dominantes expresan su visión de mundo, su proyecto social y “su verdad” respecto a la política educativa.

Pero, ¿cómo entendemos lo político, lo social y educativo?

La escuela francesa ve en la forma de hacer política, dentro de la sociedad capitalista, nuevas relaciones teórico – prácticas.  La práctica concebida como la aplicación de la teoría y, por el contrario, inspiradora de la teoría, un proceso totalizante del uno sobre el otro.

Dentro de la sociedad capitalista las relaciones son más fragmentarias y parciales.  La teoría es local, relativa a un pequeño grupo donde la práctica es un conjunto de conexiones de un punto teórico con otro y la teoría, un empalme de un práctica con otra.  Así, las luchas de poder, son luchas locales (estudiantes, transporte, entre otras), luchas que se entrelazan y van perforando el sistema.

Ahora bien, el hombre es un ser político, en tanto que su producción inconsciente modela una conducta social y política, o bien, podría decirse que, este hombre sufriente, enfermo, escindido, es producto de una sociedad enferma, que produce – reproduce en el colectivo su enfermedad.  Tal como lo explica Guattari, a través de las producciones de subjetividad, manifestaciones enfermizas creadas por el capitalismo que intervienen en la producción de vida social e individual a través de otra política: diseños colectivos, donde cabe la escuela, por ejemplo.  De esta forma podría explicarse que lo social no puede separarse de lo político y que un malestar individual, produce formas sociales de conducta que se traducen en una política, por lo tanto, la escuela, como diseño colectivo, no haría más que operar en el inconsciente de la persona individual, modelando formas de conducción masiva, fiel reflejo de las clases dominantes.

De acuerdo a todo lo anteriormente expuesto, ¿podría hablarse de una crisis del conocimiento, a través de las nuevas relaciones teórico – prácticas antes mencionadas? O bien, ¿es el hombre actual que, producto de sus malestares, conoce de otra manera? ¿Una sociedad fragmentada llevará a un tipo de conocimiento similar, a través del cual el conocimiento se guarda en pequeñas gavetas y que, por medio de operaciones mentales, abrimos para ocuparlo cuando lo requerimos?

El conocimiento contemporáneo sufre una excesiva compartimentación, la organización de las disciplinas están encajonadas, sin ninguna interconexión.  Esta fragmentación ha tratado de ser superada por la interdisciplinariedad, sin embargo, se tienen que vencer barreras conceptuales para llegar a una comprensión de una disciplina con otra que pertenece a otra área del saber.

Pero el problema es más de fondo.  Tradicionalmente se comparara la estructura del conocimiento con un árbol, donde las raíces deben estar arraigadas al suelo (premisas verdaderas), un tronco sólido y sus ramas que deberán expandirse por los más diversos aspectos de la realidad.  Esta metáfora representa una concepción mecánica del conocimiento y de la realidad, reproduciendo así la fragmentación del saber (cartesiano), paradigma tradicional,  que implica una verdad absoluta y un saber jerarquizado y vertical.

De acuerdo a las actuales teorías psicológicas y de los aportes de las neurociencias, ¿es nuestro cerebro tan ordenado, que podemos compararlo con un quincallería, donde en cada cajoncito hay guardado un saber, un conocimiento específico?

Pienso que más bien el caos, la dispersión y lo incierto, describen mucho mejor lo referido al cerebro y al pensamiento.  Deleuze y Guattari presentan la noción de rizoma como contrapunto a la noción del árbol, como estructura del conocimiento.  Un rizoma es un modelo epistemológico en el que la organización de los elementos no sigue líneas de subordinación sino que cualquier elemento puede afectar o incidir en cualquier otro.  El rizoma nos remite a la multiplicidad, a la heterogeneidad, a la conexión.  Es así como podemos entender la transversalidad mediante este modelo, abandonando el verticalismo y horizontalismo, para alcanzar una visión de todo el “horizonte de eventos”.

Finalmente, ¿qué propuesta educativa habría que plantearse desde la política de la transversalidad, más bien, desde la educación de la transversalidad?

Creo que una propuesta educativa que restituya los códigos de la reflexión y acción, entendiendo la educación como espacio de acción, que se enmarca en procesos sociales, políticos, culturales dinámicos, mediante una visión emancipadora y transformadora, fuera de las relaciones de poder podría acercarnos a una comprensión mayor de la sociedad actual, desempolvando la mirada educativa que ha imperado hasta ahora, entrampada en códigos añejos e inflexibles, unívocos, por una mirada ampliada, diversificada, conectada, desde distintas perspectivas y distintos “horizontes”.

 

Santiago, abril de 2010