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“Fitosofía”: reflejos de posmodernidad y dispositivos de poder (Foucault)

 

“Todo mi universo está debajo de tu ombligo”


Daniel Cerrato Murillo

Universidad Rey Juan Carlos

 

“Nunca me han interesado ni el poder ni la fortuna.

Lo que admiro son las flores que crecen en la basura”

Fito Cabrales, de Fito & Fitipaldis

 

Esquema

Intro: planteamiento de la cuestión

1.- Bases previas: Posmodernismo y Dispositivos de poder

a.- Posmodernismo

b.- Dispositivos de poder

2.- Objeto de estudio:

Fito, reflejo de la posmodernidad y de los dispositivos de poder

a.- Elementos que le incluyen en el posmodernismo

b.- Reproducción de dispositivo de poder de sexualidad

3.- Metodología:

- Observación (el concierto)

- Recopilación de datos (Biografía, bibliografía y letras de canciones)

4.- Conclusión

5.- Bibliografía

 

Intro

Sí, sí; lees bien, Fitosofía (e incluso fitoterapia lo llega a definir él mismo en el último videoclip de su último disco, “Antes de que cuente diez”). Dícese de la filosofía derivada de la vida y obras de Fito Cabrales, antiguo cantante de “Platero y tú” y actual de “Fito & Fitipaldis”.

Elijo el relato y la primera persona como rebeldía académica posible, intentando no cercenar por ello el rigor intelectual. Nuestros abuelos se contaban, al pie del fuego; las cosmogonías, las mitologías, se cuentan. Y nosotros seguimos apostando por el frío de los altares académicos, en los que sacrificamos la imaginación como reto posible, como una opción más ante la seriedad que casi produce risa de nuestro devenir intelectual, que, más que proponer posibilidades, retos, caminos a la sabiduría, eructa conocimientos cual metralleta de repetición. Adopto una postura, por tanto, muy nietzscheana.

De noche, cuando suceden las cosas más desconocidas para el ser humano, me pongo en camino hacia el Palacio. No habita allí una princesa a la que voy a buscar porque ando necesitado de sueños. Allí me espera un Príncipe de la música. Con sólo accionar su guitarra, consigue que miles de espíritus se meneen y canten las mismas palabras que él recita, a modo de poemas, a través de un micrófono.

21:30 horas de la noche. Tras una carrera en taxi que me cuesta un riñón, casi tanto como el concierto, llego al lugar, que está abarrotado de gente. Enseño la entrada y, como voy solo, no tengo que esperar a nadie. Entrar hasta la pista no me cuesta mucho, a pesar del barullo humano. Hacía mucho tiempo que tenía ganas de que sucediera esto, y sucedió casi de casualidad al ver en una revista que venía el Príncipe. No lo confundan con el americano, el “Prince”, este es de Bilbao. A las 22:00h el estadio casi enmudece. Dieciocho mil personas abarrotan el lugar. Una proyección de vídeo, una espera casi como de reyes magos. Es Fito. De repente, la oscuridad se rompe con unos golpes de guitarra y otros golpes de luz. El gentío grita con tal fuerza que podría hacer tambalearse un edificio de tres pisos. Así dos horas. Un alma, a los pies de un príncipe, en un Palacio. Un alma entregada, formada en comunión por dieciocho mil personas. Él, unos cuantos, fitipaldis dice que se llaman. Él, unos cuantos, y él. El que es todo lo que le pasa. Fito y Fitipaldis. Sus canciones llenan los oídos de todos cuantos allí estamos. Sabemos lo que piensa, pero no le conocemos. Me doy cuenta. Soy uno más en medio de aquel barrunto de cuerpos bailantes que esperan su maná proveniente del escenario. Desde ese mismo momento empieza toda la reflexión que sigue. Y, como la vida se va antes de que cuente diez, me pongo al tema, para no liarme con lo que no es importante. Ahí va. Fito, el postmoderno, viviente de los miles de dispositivos que nos pueblan. Que se abra el telón. Aquí van los versos.

1.- Bases previas: Postmodernismo y Dispositivos de poder

En este apartado lo que intento es hacer una masa que sirva de base a la pizza que después nos vamos a tener que comer. De forma somera y no en exceso rigurosa (porque algunos datos son tomados de la definición que de postmodernismo se encuentra en wikipedia y porque otros son recopilación de lo que se ha expuesto en clase), expongo los dos pilares en los que me baso para el razonamiento posterior. Así, vamos allá con unos rasgos sobre el postmodernimo y otros sobre los dispositivos de poder.

 

a.- Postmodernismo[1]

Los tres maestros de la sospecha dejaron todo en cueros. Cogieron el cerdo y lo desmaquillaron, lo descuartizaron, lo trituraron y dijeron: “Ahora toca encontrar otro animal que no ande entre la mierda, que la bandee y que se invente a sí mismo, algo así como una especie de Ave Fénix en su versión humana”. Evidentemente, estas palabras no fueron pronunciadas por ninguno de ellos, pero sí que pusieron en tela de juicio todo lo que hasta ese momento se había planteado como santo, sagrado y, por tanto, inamovible: la moral de esclavitud (martirizada en “Genealogía de la moral”, Nietzsche), la moral de la sexualidad (triturada por Freud), la moral del dinero (demolida por Marx en “El Capital”) y, por qué no mencionarla, la destrucción del dios creado a imagen y semejanza del Hombre[2] a manos de Feuerbach (si bien el que veraneaba en Sils-María ya había cogido su martillo y lo había hecho pedazos en el comienzo de “Así habló Zaratrustra”).

Ellos fueron los padres de la posmodernidad, que se vio abocada a tenérselas que ver de nuevo con los relatos enormes que había intentado construir la modernidad en plena búsqueda de sentido (como relataría Frankl en su famosa obra). Ya no servían. Los grandes constructos cayeron a manos de los filósofos armados de razones y también de sinrazones -como parte del ser humano- de la sospecha. Ya nada volvería a ser como antes. El “nihil novus sub solem est” era cierto. Ya todo está inventado, menos el desinvento.

Así que la postmodernidad es algo de lo que estamos imbuídos actualmente, aunque algunos como Trías ya empiezan a postular una ultramodernidad. De ahí que su definición -y por tanto, delimitación, con todo lo que ello tiene de sequía- sea harto complicada y que, por otra parte, no me interese un comino. Lo que me importa es la corriente del postmodernismo como rebeldía contra las grandes mentiras insostenibles del modernismo. Así que el postmodernismo, si tuviéramos que definirlo -y esto es mío aunque tomando prestadas palabras tanto nietzscheanas como roldanianas- habría que hacerlo como una mentira más bella que intenta superar a una mentira anterior[3].

Si tuviéramos que resumir brevemente los postulados del postmodernismo podrían ser los siguientes[4]:

- Desde lo histórico y social:

- En contraposición con la Modernidad, la Postmodernidad es la época del desencanto. Se renuncia a las utopías y a la idea de progreso.

- Se produce un cambio en el orden económico capitalista, pasando de una economía de producción a una economía del consumo.

- Desaparecen las grandes figuras carismáticas, y surgen infinidad de pequeños ídolos que duran hasta que surge algo más novedoso y atractivo.

- La revaloración de la naturaleza y la defensa del medio ambiente se mezcla con la compulsión al consumo.

- Los medios de masas y el mercado se convierten en centros de poder.

- Deja de importar el contenido del mensaje, para revalorizar la forma en que es transmitido y el grado de convicción que pueda producir.

- Desaparece la ideología como forma de elección de los líderes, siendo reemplazada por la imagen[5].

- Los medios de masas se convierten en transmisoras de la verdad, lo que se expresa en el hecho de que lo que no aparece por un medio de comunicación masiva, simplemente no existe para la sociedad.

- Aleja al receptor de la información recibida, quitándole realidad y pertinencia, convirtiéndola en mero entretenimiento.

- Se pierde la intimidad y la vida de los demás se convierte en un show[6].

- Desacralización de la política.

- Desmitificación de los líderes.

- Desde lo socio-psicológico

- Los individuos sólo quieren vivir el presente; el futuro y el pasado pierden importancia.

- Como consecuencia, hay una búsqueda de lo inmediato.

- Proceso de pérdida de la personalidad individual.

- La única revolución que el individuo está dispuesto a llevar a cabo es la interior.

- Se rinde culto al cuerpo y la liberación personal.

- Se vuelve a lo místico como justificación de sucesos.

- Pérdidas de fe en la razón y la ciencia, pero en contrapartida se rinde culto a la tecnología.

- El hombre basa su existencia en el relativismo y la pluralidad de opciones, al igual que el subjetivismo impregna la mirada de la realidad.

- Pérdida de fe en el poder público.

- Despreocupación ante la injusticia.

- Desaparición de idealismos.

- Pérdida de la ambición personal de autosuperación.

- Desaparición de la valoración del esfuerzo.

- Existen divulgaciones diversas sobre la Iglesia y la creencia de un Dios.

- Aparecen grandes cambios en torno a las diversas religiones.

- La gente se acerca cada vez más a la inspiración 'vía satelital'.

- Las personas aprenden a compartir la diversión vía internet

 

b.- Foucault y los dispositivos de poder

Vista esta breve reseña sobre esta corriente, a Foucault le tenemos que introducir dentro de la crítica postmoderna, que se basa en cuatro principios metodológicos: El método genealógico creado por Nietzsche, la concentración en las operaciones metafóricas del lenguaje, la perspectiva antipositivista y el particularismo antitotalizador (es decir, en términos postmodernos: el predominio del fragmento sobre la parte).

Esta crítica se puede resumir en cuatro puntos fundamentales:

- Textualismo: Todo conocimiento inserto dentro de un discurso no puede escapar a la condición de su propia textualidad.

- Constructivismo: Todos los fenómenos sociales son de naturaleza artificial.

- Poder/conocimiento: La legitimidad de un cuerpo de saber no depende de su contenido de verdad, sino de las fuerzas institucionales y las matrices disciplinarias que regulan la producción y autorización del saber.

- Particularismo: La crítica debe contestar a las peticiones universalizantes o totalizadoras de los discursos hegemónicos mediante conceptos que particularicen las situaciones planteadas.

Aquí es donde está nuestro amigo Foucault. En este constructivismo que para construirse necesita la deconstrucción. Su teoría de los dispositivos de poder la podemos resumir (aquí sigo a Roldán, op. cit. supra) en varios puntos:

- En la época medieval el cuerpo era anónimo, excepto el del delincuente

- A partir del siglo XVIII aparece el biopoder, poder sobre los cuerpos

- Los cuerpos, así, son contados (censo)

- Los cuerpos son, sobre todo, para producir (burguesía y capitalismo)

- De ahí que nazca el cuidado masivo de los cuerpos: escolarización, higienización...

- Todo ello conforma la vida insititucionalizada, sin individuos libres, sino producidos por lo administrativo

- Varias funciones de los dispositivos de poder: hacen hablar al individuo, hacen hacer al individuo, lo controlan, lo disciplinan, por medio de conductas, publicidad...

A este dispositivo de poder contrapone Foucault el alma bella de la Grecia clásica, de tal modo que el individuo se desindividue (permítaseme el “palabro”) para configurarse como obra de arte, de tal modo que ya no sea individuo enajenado sino obra de arte para admirar. Un mecanismo eficaz para conseguir esto lo descubre el filósofo postmoderno en Nietzsche: la risa como rompedora de la seriedad de la realidad, desfiguración del rostro y nueva posibilidad de realidad.

2.- Fito, posmoderno. Un dispositivo de poder en Fito

Todo lo expuesto anteriormente nos queda claramente reflejado en uno de los mayores exponentes musicales de la música “ligera” española, Fito & Fitipaldis. Vaya por delante que a mí me encanta su música. Hace poco he tenido la oportunidad de asistir por primera vez a uno de sus conciertos aquí en Madrid. Era casi sobrecogedor ver cómo todos, cada uno de nuestra madre y de nuestro padre, cantábamos las mismas letras de las mismas canciones, increíble pensar que cada cual las llevaría en su oído, así veinte mil personas, todas a la vez, cual borregos o no, en algo parecido a una especie de comunión de almas unidas ante el mismo becerro (menos mal que me reconocí fan de él, cualquiera diría...). A casi las mismas horas de las mismas mañanas, en diferentes sitios de esta ciudad, amén de otras tantas, gente con diferente rostro, que trabaja cerca o lejos entre sí, lleva en sus oídos esas mismas letras, con lo que ello supone de “adoctrinamiento”, pues, al final, Fito, como casi todos, acaba vendiendo eso: su Fito-sofía. Rastreemos unos cuantos datos de lo que digo.

De este modo, intento formular en un par de silogismos la tesis que defiendo, la de Fito como buen postmoderno y reflejo de alguno de los dispositivos de poder:

 

- Si la posmodernidad plantea el final del metarrelato, el presente absoluto, la felicidad por encima de todo, el Neorromanticismo, el desencanto

- Si Fito habla del ombligo como universo, del tiempo que se va, de la vida breve...

- Entonces Fito es posmoderno

 

- Si Fito es posmoderno

- Si en la posmodernidad hay dispositivos de poder como el de sexualidad

- Fito es un claro exponente del dispositivo de poder de sexualidad

Veamos brevemente cada uno de estos aspectos resumidos de forma somera en los silogismos anteriores.

 

a.- Fito, posmoderno

He aquí algunos de los rasgos de postmodernidad arriba indicados que quedan patentes en el cantante de Zabala (Bilbao).

a.1.- Soy todo lo que me pasa

Si Ortega y Gasset afirmaba que “Yo soy yo y mis circunstancias”, por poner un ejemplo, tenemos una ontología que contempla un sujeto y una externalidad del mismo (por eso de que éste tiene sus aprioris, en categorías kantianas, y, por tanto, es un ente más dentro de la realidad). Para Fito, “Soy todo lo que me pasa”. Es decir, que aquí yo una de dos, o no existo, o estoy elíptico. Es decir, que el yo de Fito es un yo tan absoluto que no está porque obumbra todo o está diluido en la masa. En la experiencia del concierto lo que pude percibir es que ese yo está perdido en medio de un mar de gente, con una misma sed, un mismo ansia, aquel del encuentro feliz de Spinoza, que vimos en clase, sólo que nomenclada de las mismas formas en clave de canción. Este sujeto está perdido (como afirma Fito en la canción “Me acordé de ti”: “Yo me fui, no sé hacia dónde, sólo sé que me perdí; un yo que dice: “hay un niño que se esconde siempre detrás de mí”, una perspectiva muy interesante). He aquí la ontología “fitipaldi”.

a.2.- Ya grabé mi nombre en una bala, ya probé la carne de cañón

El postmodernismo postulaba cierto desencanto, porque la “carne de cañón” no es algo bueno, la bala es algo que va rápido. El sujeto postmoderno acumula experiencias y va haciendo síntesis fragmentaria con ellas. Digamos que, a diferencia del sujeto moderno, que se basaba en unos cuantos principios claros que le daban asiento y fundamento, el sujeto postmoderno va creando su nido de cigüeña, donde, como es sabido, la construcción se hace a base de coger casi cualquier cosa que se encuentran por ahí. El cobijo es tan duro que duran años y años, en ocasiones sostenidos en equilibrio a cientos de metros de altura, soportando vientos y tormentas. Así el sujeto postmoderno (al que siempre catalogan como “light” -véase Enrique Rojas en su famosa obra “El hombre light”- o “débil”).

a.3.- Que la vida se nos va [...] como un beso en un portal

El tempus fugit manriqueano perdura a través de los siglos. La vida se nos va. El presente es algo que, por tanto, tiene que ser absoluto. No lo dice sólo Fito. Corrientes de pensamiento e incluso de espiritualidad y psicología plantean este mismo argumento. Ahí tenemos, como ejemplo, Gestalt, que, hundiendo sus raíces en el zen profundo, habla del aquí y ahora como del acto supremo de contemplación. Los cristianos también deberían vivirlo así, por aquello de “no os preocupéis de qué vais a comer o con qué os vais a vestir”, que aparece en uno de los evangelios.

a.4.- Porque los sueños viajan con el viento

Aunque no lo hemos señalado arriba, el postmodernismo vive de un cierto neorromanticismo, donde la naturaleza recupera algo de su sacralidad y los sueños vuelven a ser importantes. No como utopías bien formadas estructuralmente, con una coherencia absolutamente necesaria, sino como otros fragmentos más. De nuevo, este cuerpo representado en Fito quiere desaparecer, volverse infinito, volando con sus sueños por el viento.

a.5.- “No voy a sentirme mal si algo no me sale bien”

Otro rasgo más. Nietzsche criticó la culpa como uno de los mayores males que el cristianismo había inculcado en el Hombre occidental. Aquí está el reflejo. Igual que veíamos antes, también Gestalt y las nuevas corrientes espirituales (qué osadía llamar nuevo a algo tan antiguo; lo que es nuevo es el descubrimiento) como el Tao hablan de esto.

Esta tendencia puede caer en un extremo, el de pensar que el dolor no existe. De hecho, el dolor trata de invisibilizarse: las residencias se sacan afuera de la ciudad, las cárceles también, los hospitales, las comunidades terapéuticas... Todo lo que suene a dolor, lejos. Así, cuando el dolor llega, no lo reconocemos como uno de los colores que forman la paleta de la vida.

a.6.- “Todo cambia y sigue igual” (Actualización de Heráclito y de Parménides)

Fito se sitúa aquí en la encrucijada entre Heráclito y Parménides. La frase de esta canción continúa así: “Y aunque todo es diferente, siempre es el mismo mar”. Encrucijada que actualiza a los dos, y llega a una síntesis nada dualista del asunto. Porque somos estatismo (recordemos aquello de Fromm, el acto supremo de la contemplación, en “El arte de amar”) y también dinamismo. Esta aparente paradoja recoge el todo que somos. El río no es nunca el mismo cuando me baño por segunda vez, claro que no, ni yo tampoco, pero hay cosas que siguen estando ahí. La sangre que corre por mis venas tampoco será la misma, pero sí serán los mismos mis sueños no cumplidos, mis ganas de amar, etc.

a.7.- “Quién conoce en este cuento más de la mitad”

Y llegamos a una de las características por antonomasía. Recordemos que el postmodernismo postula que el metarrelato, es decir, el sistema absoluto, no puede dar respuestas absolutas. Todo es fragmento, y a ver quién viene a decir que el mosaico no es arte. En este cuento, en todo en general, no se conoce más de la mitad. Por eso del “perspectivismo” de Ortega y Gasset, la montaña necesita de todos los puntos de vista para ser mirada, como aquel famoso cuento de los sabios y el elefante (en el que cada cual daba una característica y discutían entre todos cuál era la verdadera, sin darse cuenta de que todas eran ciertas). El metarrelato ha terminado. Sólo nos queda lo fragmentario y la síntesis que cada cual pueda hacer.

b.- Fito y el dispositivo de poder de sexualidad

Por no ser prolijo, me centro sólo en uno de los dispositivos de poder que entre las letras de Fito se puede rastrear, el de sexualidad[7].

 

“Todo mi universo está debajo de tu ombligo”

Escuchemos bien lo que dice: “Todo mi universo”. Todo. Es decir, que todas y cada una de mis acciones, pensamientos, palabras (confesiones), todas y cada una de las manifestaciones de mi ser, las infinitas posibilidades que soy, se encaminan hacia debajo de tu ombligo. Evidentemente, creo que Fito no se está refiriendo aquí al intestino delgado, ni grueso, ni a las maravillosas piernas de la persona amada a la que esté cantando. No es otra que aquella a la que hacía referencia en otra archiconocida canción, “Soldadito marinero”. En esa ocasión se llamaba Mariela, “que tenía los ojos verdes y un NEGOCIO entre las piernas”. Supongo que no era prostituta, y que entre sus piernas no había puesto un kiosco-bar para vender pipas. Es que todo es confesión.

Esto es una confesión explícita. Si le hubiera añadido una posturita y un poco de mística del “Kama-Sutra”, pues ya hubiera sido el culmen de la exposición del dispositivo de poder. Al acabar el concierto le dirán: “Tus pecados están permitidos. Vete en paz”. El sexo, ahora que vivimos en una supuesta “liberación sexual”, es el centro, porque para eso tenemos especialistas en esto que nos dicen lo importante que es el debajo del ombligo (ese mismo ombligo del que hablan los “Celtas Cortos” en otra canción, “Un millón de motivos”: “Es tan bueno el calor que sale de tu ombligo...”). Arriba los ombligos. Que viva el dispositivo de sexualidad. Abran paso, señores, arrodíllense. Aquí está el mejor de los Negocios. Don Dinero ha muerto. Ahora no ha venido a matarlo un hombre que bajó de la montaña y que iba gritando con un candil por las calles. Ahora vive escondido en una zona muy concreta del universo que somos. Ahora ya no somos universo. Somos microcosmos, con pelitos y todo. Gracias, Fito, por recordárnoslo.

 

3.- Metodología

La metodología utilizada para este trabajo ha sido la siguiente, basada, fundamentalmente, en dos técnicas:

- Participación directa (y, por tanto, técnica de observación) en un concierto en vivo de Fito & Fitipaldis, y la

- Recopilación y análisis de datos: canciones, biografía...

4.- Conclusión

Espero haber podido demostrar con claridad que Fito, uno de los super-ventas de nuestro contexto, es un claro reflejo de postmodernidad y de uno de los miles de dispositivos de poder en medio de los cuales nos encontramos inmersos. Este trabajo abre la posibilidad a otras mil preguntas: ¿Cómo coger lo mejor de los dispositivos y utilizarlo no para enajenarse sino para ser más “obra de arte”? ¿Hacia dónde hay que abrir la praxis artística para que nos lleve a ese telos aristotélico de la Felicidad Suprema, a que todos los encuentros entre los diferentes cuerpos sean felices? ¿Cuál es el límite que da seguridad ante tanta fragmentación? ¿Qué hay más allá del postmodernismo? ¿Nos sirve el pragmatismo? ¿Realmente la espiritualidad que nos quieren vender es espiritual o sólo eso: un producto de venta? Miles de preguntas que no sé ni voy a responder. Quizá podría ser objeto de algún otro trabajo. De momento, aquí va una pequeña reflexión que, aunque un poco tautológica (porque creo que es algo más o menos conocido que todos los cohetáneos bebemos de esta fuente postmoderna), creo que es, en cierto modo, original. Espero que el lector piense lo mismo y que, ante todo, haya podido sacar algo de provecho para sí. De lo contrario, le ruego tire de inmediato estos papeles al contenedor azul. Gracias por la escucha en los ojos.

 

5.- Bibliografía

La bibliografía que cito aquí es, dado que este es un primer esbozo para un posible futuro trabajo, tanto la que he utilizado como la que me parece que podría ser interesante para el desarrollo ulterior del tema.

- ROLDÁN, C. (2009), Apuntes de clase para uso privado. Inédito. Madrid

- REALE y ANTISERI (2008), Historia del pensamiento filosófico y científico (vols. I y II). Herder, Barcelona

- ARONSON (2000), El animal social. Alianza Editorial, Madrid

- ABBAGNANO, N. (1994), Historia de la filosofía (vols. I y II). Horas, Barcelona

- CABRALES, FITO (2008), Fito: Soy todo lo que me pasa (autobiografía). Plaza, Barcelona

- FROMM, E. (2003), El arte de amar. Paidós, Barcelona

- MARX y ENGELS (1998), El capital. Siglo XXI, Barcelona

- NIETZSCHE, F. (2003), Así habló Zaratrustra. Alianza Editorial, Madrid

- NIETZSCHE, F. (2002), La genealogía de la moral. Alianza Editorial, Madrid

- Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Posmodernismo, consultada el l 4 de enero de 2010, a las 22:34h

 



[1] Para este apartado, además de la elaboración propia, tomo información de wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Posmodernismo, el 4 de enero de 2010, a las 22:34h.

[2] Siempre que hablo de Hombre lo hago en el sentido platónico del Andrógino (aunque no en su sentido cuerpo-alma).

[3] Se suele dividir a la postmodernidad en tres sectores, dependiendo de su área de influencia. Como un periodo histórico, como una actitud filosófica, o como un movimiento artístico. Histórica, ideológica y metodológicamente diversos, comparten sin embargo un parecido de familia centrado en la idea de que la renovación radical de las formas tradicionales en el arte, la cultura, el pensamiento y la vida social impulsada por el proyecto modernista, fracasó en su intento de lograr la emancipación de la humanidad, y de que un proyecto semejante es imposible o inalcanzable en las condiciones actuales. Frente al compromiso riguroso con la innovación, el progreso y la crítica de las vanguardias artísticas, intelectuales y sociales, al que considera una forma refinada de teología autoritaria, el posmodernismo defiende la hibridación, la cultura popular, el descentramiento de la autoridad intelectual y científica y la desconfianza ante los grandes relatos. Por otra parte, la acepción más usual de posmodernidad se popularizó a partir de la publicación de La condición postmoderna de Jean-François Lyotard en 1979, aunque varios autores habían empleado el término con anterioridad.  Este movimiento tiene eco en todas las disciplinas artísticas (como la Bauhaus, por ejemplo).

[4] Por ser algo aún incipiente y no formulado del todo, y, por tanto, en continua discusión, incluyo la perspectiva social  y psicológica porque son las que nos interesan para lo que luego se ha vertido en el “inconsciente colectivo” de la fragmentada colectividad postmoderna. Las implicaciones filosóficas son bastante evidentes.

[5] Es lo que algunos han dado en llamar el “aspectismo”.

[6] Ahí está “Gran Hermano” y otros por el estilo.

[7] Recordemos brevemente que el dispositivo de sexualidad, según Foucault, actualiza la “confesión positiva” de antaño (por eso de que los dispositivos hacen decir -o confesar, que es, al cabo, lo mismo exactamente).