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Lou Andreas-Salomé: mujer y filósofa.

Por: Dª Paz Corrales

En una sociedad que se jacta de ser cada día menos machista, y que intenta educar a sus jóvenes en  los principios de igualdad y respeto a las mujeres, éstas prácticamente no existen en los libros de texto, lanzándonos al inconsciente el claro mensaje de que todos los protagonistas de la historia, (genios, pensadores, políticos, etc.) han sido hombres, y que las mujeres no han pensado, inventado, o tomado decisiones hasta ahora. Lo mismo sucede con la asignatura de filosofía, ya que aunque ha habido grandes pensadoras a lo largo de la historia, es necesario  ir a una librería feminista para descubrir quiénes fueron estas mujeres. Así, es difícil que las nuevas generaciones asimilen el concepto de igualdad, cuando la historia no nos ha tratado por igual a ambos sexos. Así que éste trabajo es una reivindicación de las mujeres filósofas, porque ¡¡nosotras  también pensamos!!

Breve biografía

Lou Andreas Salomé nació en San Petersburgo el  12 de Febrero de 1861. Era la más pequeña de cinco hermanos varones, lo que marcó profundamente su carácter. Su madre, Louise Wilm, a  pesar de que era una mujer muy inteligente, renunció a cultivar su intelecto, ya que el día de su boda escribió en su diario que a partir de ése momento dedicaría su vida a su esposo, a su familia y a Dios sin ninguna otra ambición, propósito que cumplió hasta el fin de sus días. No comprendía que tantas mujeres quisieran emanciparse de la vida de esposas y madres y competir con los hombres en el mundo profesional.

El padre de Lou, con el que ésta tenía una relación de adoración, con una imagen de dios paternal  y cariñoso que marcaría toda su vida, se levantaba de su asiento siempre que la madre de Lou entraba en la habitación, hecho que impresionaba profundamente a ésta y a sus hermanos. Su relación con su hija pequeña era muy especial, basada en un profundo amor y mucha complicidad, además de un gran respeto.

Desde muy joven, Lou rehuía las recepciones oficiales. Lo que más le gustaba era deslizarse silenciosamente con sus zapatos de baile sobre el parquet de la sala; “En mi recuerdo me veo, ante todo, durante este movimiento. Me daba la sensación de que estaba sola”. Su primer amor platónico fue a los ocho años, con adulto al que adoraba desde la distancia.

Lou era muy autónoma e imaginativa; la figura más significativa de su mundo de fantasías infantiles era Dios, ya que nace en una familia muy piadosa y esta idea penetra en su pensamiento muy pronto, y le preocupa intensamente. Un día, repentinamente, pierde la fe en Dios siendo  aún una niña, pero decide ocultar este hecho a sus padres para no inquietarles, una actitud muy madura para una niña pequeña.

Queda claro que Lou no tenía en común nada con las jóvenes de su época.  Le atraía el tema del matrimonio por apariencias, sin las connotaciones del matrimonio al uso, y sobre todo le atraía enormemente la idea de seguir estudiando y formándose en la universidad. Además, simpatizaba con ciertos ideales revolucionarios (hizo de estas palabras su lema:

“El mundo no ha de ayudarte,

¡créeme!

Si quieres una vida,

¡róbala!”)

Siendo aún muy joven, con 17 años conoce a Gillot, un sacerdote casado del cual se enamora y al cual se entrega espiritualmente, como una discípula, con el que se dedicó a los estudios filosóficos y literarios, y donde leía a Descartes, Pascal, Rousseau, Voltaire…, pero cuando se hacen públicos sus encuentros, él la propone matrimonio, lo que la entristeció enormemente, y hace que termine su relación. Esta relación fue muy importante para Lou, pues supuso su paso de la infancia a la madurez (junto con el hecho de la muerte de su padre). El nombre por el que la conocemos, se lo debemos a Gillot, pues no sabía pronunciar su verdadero nombre, Louise, y la llamaba Lou, nombre con el que ella se quedó en homenaje a él.

Otro personaje relevante en la vida de Lou será la figura del feminismo alemán Malwida Von Meysenbug, gran amiga de Wagner, a través de la cual conoce a Paul Rée y a Nietzche, que eran sus protegidos (En ése momento, Lou era la más versada de los tres en filosofía clásica moderna). Ambos hombres quedaron fascinados con Lou y quisieron casarse con ella, y aunque Lou rechazó a ambos en el plano matrimonial, su intención era vivir con ambos como tres hermanos intelectuales, como colegas (Lou tenía en común con Nietzche el hecho de que ambos iban en busca de una nueva fe). Rée acabó por apartarla de Nietzche, y por el sufrimiento que esto causó al filósofo, su hermana atacó duramente a Lou durante varios meses, aunque ésta se mostró imperturbable. A causa de este incidente, Lou se da cuenta de lo frágil que es la barrera que separa el genio de la locura, lo que señalará a Lou el camino hacia Freud y el psicoanálisis. Tras estos acontecimientos, aún vivió con Rée cinco años como “hermanos”.

Cuando Lou escribe el libro “En la lucha por Dios”, con el pseudónimo de Henry Lou, obtiene un gran éxito, que hace que Rée se parte de ella, ya que a él no le va tan bien con sus escritos, y se vuelque en sus estudios y posterior trabajo como médico para la gente sin recursos.

En el momento en que Lou conoce al que será su marido, Fredrich Carl Andreas , este se encuentra en la plenitud de su vida, y decide desde el primer momento que hará a Lou suya; contra más se opone Lou a su proposición de matrimonio, más insiste él, hasta que la noche anterior a la boda, Andreas comete un acto que conseguirá, a la vez, que Lou se case con él y perderla para siempre: intenta suicidarse.  De ésta forma, Lou se ve casada con un hombre con el que nunca mantendrá relaciones sexuales. Y estas relaciones llegarán por vez primera con el joven poeta y escritor Rainer Maria Rilke, catorce años más joven que ella, con quien mantendrá una intensa relación. Tras él vendrían muchos otros amantes, amigos, y colegas intelectuales.

Otro de los momentos clave en la vida de Lou será su encuentro con Freud, con el que rápidamente  trabará una profunda y sincera amistad basada en una admiración y respeto mutuos. Esto llevó a Lou a dedicarse a la psicoterapia, a pesar de ser una escritora de éxito, pues su necesidad de aprender y de ayudar a los demás era imperiosa.

La vida de Lou acabó a sus días en su casita de Hainberg, el 5 de febrero de 1937, tras haberse convertido en una escritora de éxito y una reconocida psicoterapeuta.

Lou y su autoconfiguración a través de su cuerpo

Lou Salomé fue una mujer de voluntad férrea,  que permaneció virgen hasta entrada la treintena (según ella misma afirma, Rilke fue su primer amante, cuando ella contaba con 36 años y él tan sólo 22). Su infancia, rodeada de sus hermanos, todos varones, la enorme influencia de la figura de su padre y sus ganas de aprender y de ser tratada por sus colegas masculinos como una igual, seguro influyeron en su forma de relacionarse a través de su cuerpo con los hombres hasta su encuentro con Rilke. Para Lou, el sentido de la libertad era el desarrollo de la propia personalidad, y esta idea no encajaba con el concepto de matrimonio, ya que para Lou éste suponía que la mujer debía renunciar a su desarrollo intelectual y supeditar su personalidad a la de su marido (como hizo su madre). A pesar de esto, matrimonio era lo que los hombres que la conocían, trataban con ella (y solían quedar irremediablemente fascinados, no tanto por su físico, sino por su brillante intelecto) le proponían constantemente, para disgusto de la propia Lou “¿Qué les pasa a los hombres? ¿Son incapaces de sentir amistad hacia una mujer, sólo saben ser amantes o esposos?”. Así pasó con la mayoría de los hombres que Lou conoció, y es curioso que el hombre que finalmente logra hacerla su mujer, el orientalista Andreas, nunca pudo consumar el matrimonio con Lou porque ella siempre se negó. Y no es que Lou tuviera ningún tipo de trastorno sexual, como demostrarían sus futuras relaciones con sus amantes, y como sugirió Nietzche, que la acusó de padecer “atrofia sexual”, seguramente a causa del despecho, ya que su amor por Lou y sus repetidas proposiciones de matrimonio, siempre amablemente rechazadas, le llevaron al borde de la locura (Muchos allegados al filósofo sospechaban que su Zaratustra es una consecuencia de su desamor con Lou). Seguramente, el hecho de tener un matrimonio alejado de la idea convencional del mismo, y poder mantener relaciones sexuales con la persona que ella elegía en cada momento, hacían que Lou se sintiera libre; Lou no podía ser fiel a nadie, porque no podía dejar de ser fiel a sí misma. Una frase de la propia Lou que define muy bien su  manera de entender la vida  es: “No soy capaz de vivir según modelos, ni nunca podré servir de modelo a nadie, en cambio, estoy segura de que moldearé mi vida a mi modo, sean cuales sean las consecuencias”.

Lou y los “Encuentros Felices”

Es difícil tildar las relaciones que tuvo Lou con su entorno de “Felices”, al menos, no creo que lo entendieras así una para gran parte de los hombres que Lou conoció en su vida, en concreto, aquellos que quisieron atarla de un modo u otro y no lo lograron; la razón seguramente se encuentre en una anticuada concepción posesiva y machista del amor, en la que la mujer amada se convierte en un preciado bien que se  codicia poseer. Esta concepción del  amor hizo que algunos de los hombres que se acercaban a Lou no pudieran disfrutar de su compañía y de su amistad plenamente. Es innegable que ella influyó notablemente en todos los hombres que conoció, (algunos de ellos llegaron a afirmar que conocer a Lou había cambiado sus vidas, definitivamente) y si bien en la mayoría de los casos, la felicidad que estos encuentros podía proporcionar no era igual por ambos lados, hay una clara excepción: El doctor Freud, que al parecer nunca tuvo pretensiones de índole amoroso con Lou, lo que facilitó las relaciones de amistad y trabajo entre ellos.

Los momentos trágicos en la vida de Lou respecto  a sus relaciones con los seres a los que amaba tuvieron consecuencias sobre su salud física, ya que tras enterarse de la muerte de su querido Rée, sufrió desvanecimientos, y ataques en los que se le llegaba a parar el corazón, lo que  hizo correr el rumor de que dominaba técnicas de los faquires para parar su corazón a voluntad, y tras el fallecimiento de su marido Andreas Lou padeció un cáncer de mama que obligó a que le amputaran un pecho, hecho sobre el que Lou Llegó a bromear cuando lo tuvo que sustituir por una pequeña almohadilla, diciendo mientras sonreía: “Nietzche tenía razón; ahora, tengo un pecho postizo”.

Lou y el psicoanálisis

Lou conoce a Freud en 1911 en el Congreso de la asociación Psicoanalítica Internacional de Weimar, cuyo presidente era Carl Gustav Jung, y Freud  queda asombrado al oír hablar a Lou por la profundidad de sus pensamientos y el alcance de sus observaciones psicológicas. Sentía que le comprendía bien, pero no entendía su “alegre optimismo”.

Lou se familiarizó rápidamente con los pensamientos fundamentales de Freud y le solicitó poder trabajar bajo su dirección, a lo que él accedió gustoso.  En el plano personal, Freud llegó a decir de Lou que se había acostumbrado tanto a su presencia que se sentía molesto cuando su silla estaba vacía, además admiraba de Lou que supiese reírse de misma, que no fuera rencorosa y que no se jactara de sus hazañas ni celebrara sus amistades. La amistad entre ambos duró un cuarto de siglo, hasta la muerte de Freud. En el plano profesional, tras elegir la profesión de psiquiatra, se entrega a ésta en cuerpo y alma, a pesar de que Freud le advierte de los peligros de dedicar más de 10 horas diarias al psicoanálisis, ya que ella trabajaba incansablemente.

Uno de los temas que más interesó a Lou fue el instinto sexual, ya que ella había publicado su libro “El erotismo” un año antes de conocer a Freud, quien confirmó muchos  de los hallazgos obtenidos por Lou independientemente de sus propias investigaciones; según Lou, la sexualidad era una necesidad física como el comer, el amor correspondido muere de saciedad y la vida amorosa natural se basa en la infidelidad. Además, para Lou, el amor sexual, la creación artística y el fervor religioso son tres aspectos  distintos de la misma fuerza vital; el símbolo de este triple aspecto de la fuerza vital  es la triple función de la mujer como amante, madre y virgen.

Obras destacadas de Lou Andreas-Salomé:

* “En la lucha por Dios” (bajo el pseudónimo de Henry Lou), Leipzig, Berlín, W. Friedrich, 1885.

*  “Nietzche” (1894) 3º Ed, Madrid, Zero, 1980.

* “De un alma extraña” Stuttgart, Costa, 1896.

* “Fenitschka. Una divagación” (1898) Barcelona, Icaria, 1986.

* “Zona cerpuscular” Stuttgart,-Berlín, Cotta, 1902.

* “El erotísmoFrancfort del Meno, Rutten & Loeming, 1910.

* “La hora sin Dios” Jena, Eugen Diederichs, 1922.

* “Rainer Maria Rilke”, Leipzing, Insel, 1928.

* “Mi agradecimiento a Freud”, Viena, Internationaler Psychoanalytischer Verlag, 1931.

*” Mirada retrospectiva” Madrid, Alianza, 1988.

* “Rainer Maria Rilke-Lou Andreas-Salomé; Correspondencia” Ed: Torre de Viento, ed, 2000.

* “Aprendiendo con Freud”(1958) 3º ed, Barcelona, Laertes,1984.

(Además de 119 artículos para varias publicaciones y 4 manuscritos no publicados)

Bibliografía consultada

* Las filósofas. Mujeres protagonistas en la historia del pensamiento” Giulio de Martino y Marina Bruzzese. Ed Cátedra. Universidad de Valencia. Instituto de la mujer.

* “Rainer Maria Rilke- Lou Andreas-Salomé; Correspondencia” Ed. Torre de Viento, 4º ed, 2000.

* “20 Pensadoras del siglo XX”, Tomo I, Maria José Guerra y Ana Hardison, eds. Ediciones Nobel.

* “Lou Andreas-Salomé, mi hermana, mi esposa. Una biografía” H.F.Peters, Ed. Paidós testimonios.