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DEL 'CUERPO SIN ÓRGANOS’ DE ARTAUD A UNA NUEVA CONFIGURACIÓN REVOLUCIONARIA DEL CUERPO

Resumen: El siguiente artículo indaga en la configuración del cuerpo del artista a partir del ‘Cuerpo sin Órganos’ de Artaud y del ‘Cuerpo Revolucionario’ profundizando en las modalidades de la pasión humana como motivo y consecuencia de la acción ‘configurar’. Por medio de la ruptura de paradigmas corporales y artísticos se vincula la existencia individual del Ser-artista con la experimentación total del Ser-cuerpo-colectivo.

Palabras clave: cuerpo (sin órganos, sacrificial, revolucionario), experimentación, inercia, consecuencia, configuración.

El cuerpo humano se puede comprender y configurar de muchas formas siempre y cuando sea posible abstenerse de la ley química-orgánica que lo determina anatómicamente. La configuración corporal está a merced de quien configura su cuerpo: de lo que hace, de lo que profesa, de lo que piensa y de lo que cree.

Configurar el cuerpo es la elección conciente de cómo constituir y crear un cuerpo y de cómo se percibe y luego se presenta ante el mundo. Es la deconstrucción del cuerpo, la desatomización de sus estructuras formales, la identificación del sentido, del motor o del impulso vital que particulariza un cuerpo de otro y hace que uno, a diferencia del otro, actúe de tal o cual manera. Es lo que hace que sea posible existir sólo en ‘ese’ cuerpo porque de otra forma de autocomprendimiento y creación.

A mediados del siglo XX Antonin Artaud, en su búsqueda por el cuerpo del actor y dejando atrás toda declaración formal sobre las técnicas interpretativas y el teatro, encuentra y describe lo que será la base de su investigación escénica el 'Cuerpo Sin Órganos':"El cuerpo es el cuerpo, está solo y no necesita de órganos. El cuerpo no es jamás un organismo. Los organismos son los enemigos del cuerpo"1Numerosas veces se ha malentendido el cuerpo al que se refiere Artaud. Suele comprenderse como el concepto de la 'peste' propenso al vacío, a la oscuridad y a la muerte. Muy por el contrario, desligado de lo que orgánicamente da vida y determina al cuerpo humano como limitado y dependiente del buen funcionamiento de su organismo, Artaud niega las certezas corporales y configura su propio cuerpo escénico. Precisamente porque los órganos son los que permiten la vida y la inercia biológica, es que hay que renegar de los órganos. El 'cuerpo sin órganos' existe porque decide existir. Éste vive en la medida en que entra en contacto con los órganos y por medio de la experiencia se configura como cuerpo, existencia y representación. No debe existir la inercia ni al vivir ni al interpretar, ni en el cuerpo ni en la vida, se existe porque se experimenta la existencia en el contacto y en la búsqueda del cuerpo.

Esta nueva comprensión del cuerpo completa el cambio de paradigma del Arte Dramático; de la Interpretación como representación teatral, a la Experimentación como representación teatral. De un cuerpo que nace vivo a un cuerpo que se hace vivir. Será sólo por medio de la experimentación que existe el cuerpo.

La autoconfiguración consciente del cuerpo es una búsqueda artística transversal. Un poeta podrá configurar literariamente su cuerpo, entenderse desde sus versos (palabras, grafemas, morfemas) y vivir por y desde ellos. Análogamente un bailarín podrá configurarse en y desde su danza. Así sucesivamente la autoconfiguración representa al Ser que ha renacido en su arte y sólo puede comprenderse como un Todo desde tal.

La búsqueda del artista por comprenderse, autoconfigurarse y crearse en su arte tiene a proceder de la liberación de su contexto histórico y sus paradigmas. Como respuesta al Naturalismo escénico se sucedieron vanguardias corporales y teatrales, como respuesta a los Absolutismos, al imperialismo y a las dictaduras surgieron los revolucionarios.

Ambos, revolucionarios y artistas, requieren de una autocomprensión y reafirmación del cuerpo que trasciende la cotidianidad y la inercia. El objetivo lo exige: la guerra y la escena (ambos escenarios del uno y del otro).

La revolución no es ninguna disciplina y sin embargo ha estado presente en el nacimiento de varias de ellas y de sus artistas. Partir de la revolución como fenómeno histórico-artístico-social, es vital para comprender cómo se configura un cuerpo dispuesto a morir.

Son dos las variables que se manejan constantemente para explicar el motivo de un revolucionario: la razón y la pasión.

Es común asociar revolución y pasión sólo al aspecto volitivo del hombre, pero Paolo Fabbri propone en su libro “El giro semiótico" cuatro componentes de la pasión: modal, temporal, aspectual y estético. El componente modal contiene a su vez cuatro modalidades que pueden provocar las pasiones humanas: el querer, el poder, el deber y el saber. El cuerpo revolucionario se configura en estas cuatro dimensiones semánticas uniendo todos los componentes modales que, teniendo una concepción lógica de la temporalidad en la que se inserta el cuerpo y de su finitud como una de las motivaciones fundamentales para accionar y no quedarse inmóvil, analiza y observa los aspectos de la revolución y es capaz de identificar y justificar su objetivo. Pasión y Razón.

Artaud dirá "Hay gritos para las pasiones y en los gritos de cada pasión, hay escalones, grados de la vibración de las pasiones; y el mundo ha conocido, en otros tiempos, una armónica de las pasiones"2.

Es este ritmo particular entre razón y pasión y entre vida y muerte es lo que permite que el cuerpo revolucionario se constituya también desde lo estésico, lo sensorial.

Las críticas al Teatro de la Peste de Artaud, tienden a omitir que lo terrible, la muerte y el horror también son leitmotif (tanto en la vida como en la escena) y que habitan en el cuerpo. El mal es activo y genera movimiento, para Artaud es apetito feroz de vida, rigor cósmico y necesidad implacable. Si el Mal mueve al hombre y éste es capaz de crear y crearse, este Mal destruye sin matar, es una pasión que mueve y construye al igual que las incontables oportunidades que tiene el hombre y el artista de configurar su cuerpo, quebrarlo, desconfigurarlo y volverlo a crear.

Será sólo desde esta configuración de las pasiones que Fabbri afirmará: "no hay pasión sin cuerpo (…) de alguna forma la transformación pasional siempre implica una transformación de la estesia, es decir, de la percepción de la expresión corporal"3. La violencia y el horror es lo que hará hablar al cuerpo revolucionario y al de Artaud, no con palabras sino con gritos. En este cuerpo se desata todo aquello negado y sustraído al mundo contra el que se revela.

Tanto el cuerpo de Artaud como el cuerpo revolucionario es sacrificial, no mártir. Porque la escena lo necesita, porque la historia lo necesita o porque simplemente se necesita. El cuerpo sacrificial necesita a un 'otro' para existir y para dejar de existir. "En esta rebelión comprometíamos nuestra alma y la comprometíamos materialmente"4 decía Artaud cuando hablaba de su participación en el movimiento Surrealista, y es que cuando el cuerpo revolucionario se configura como tal, todo es corpóreo.

Este es el cuerpo que requiere la escena contemporánea y que es intrínseco al cuerpo de la revolución y la esencia de la configuración del cuerpo revolucionario es la Consecuencia; esa relación instintiva e imperativa que pone en relación el pensamiento y la acción de forma exacerbada. En este tipo de configuración corporal priman ambas categorías sin distinción y es lo que en este artículo se denominará ‘configuración compuesta’ del cuerpo y de la auto-comprensión del Ser revolucionario. En este caso de constitución individual-social, el pensamiento/ideología/fe/utopía/(…) y la acción, más bien la ejecución de cualquier acción que de cuenta de éste, forman un Todo, es decir: un cuerpo.

Esta relación entre ambos constituyentes es la que provoca la relación activa, dinámica y dialéctica entre el ser revolucionario y su entorno como motivo y motor de la existencia y del sentido del sujeto. Un revolucionario ‘hace’; haciendo ‘modifica’ su entorno; modificando se modifica; modificándose se crea a si mismo constantemente; creándose se consolida en su acción y por ende se confirma su ‘configuración compuesta’ a la vez que confirma sus actos consecuentes, su cuerpo consecuente y su vida consecuente.

El cuerpo revolucionario/un revolucionario existe porque existe algo que modificar, aún cuando eso implique modificarse a sí mismo (es decir; siempre que eso implique modificarse a si mismo). En este camino hacia la constitución del cuerpo, y a la vez del quehacer revolucionario, la totalidad y la no-inercia juegan un rol fundamental.

Artaud dice: "Cuando todo nos impulsa a dormir, y miramos con ojos fijos y conscientes, es difícil despertar y mirar como en los sueños, con ojos que no saben ya para qué sirven con una mirada vuelta hacia adentro"5

En esas situaciones en las que la ‘lógica trascendental’, como diría Spinoza, invita al hombre a no ponerse en riesgo, el revolucionario y el artista exponen su cuerpo finito e infinito. Paradójicamente en el cuerpo revolucionario es así; tal como idea y acción se constituyen juntas en la Consecuencia, el cuerpo del revolucionario es consecuencia de la idea, soporta lo que soporta la idea; las ideas no se mueren de hambre ni se mueren de frío, las ideas del revolucionario se mueren de decepción, de deserción o de soledad, si no, no se mueren.

La naturaleza del cuerpo revolucionario requiere de esta concepción colectiva de si mismo; es decir que mi cuerpo no es sólo ‘mi-cuerpo’, es el de la revolución, es la dimensión social y ética del yo/nosotros revolucionario que causa movimiento y se convierte en un modo inmanente de existir.

El camino de Artaud hacia un cuerpo revolucionario radica en que el cuerpo existe en la medida que entra en contacto con el cuerpo propio y el cuerpo del otro y así por medio de su teatro, hacer de la experimentación-representación escénica una instancia vital de encuentro y modificación real. El Cuerpo Sin Órganos vive ante el contacto concreto del páncreas con el músculo abdominal, ese impulso vital es el que hace nacer ese teatro ritual-sacrificial como un Todo, como Consecuencia revolucionaria que derrota a la inercia espectacular y se transforma en pasión.

Más allá del Cuerpo sin Órganos, no es si no por medio de la configuración compuesta del actor que se puede lograr un sólo cuerpo en escena: actor y espectador. Un objetivo en común, un espacio, un sacrificio, una muerte y una nueva configuración colectiva. Un renacimiento desde el cuerpo. Una nueva pasión. "Pensar en la pasión es pensar en el poder de algún otro que, en cierto caso particular, somos nosotros mismos; ese otro capaz de imponerse a nosotros de tal manera que el querer del otro se convierte en nuestro querer. En otras palabras, el acto de volición se define como algo simultáneo entre el ‘yo quiero’ y el ‘yo debo hacer lo que quiero’"6.

Tal vez es necesario establecer una nueva ética para la configuración del cuerpo artístico. Óscar Córnago en su libro "Éticas del cuerpo" sugiere una dimensión social importante en las nuevas interpretaciones del cuerpo. Emmanuel Lévinas habla de una ética como algo previo a la ontología, es decir que antes del 'ser con el otro' se encuentra el 'ser para el otro'. Y es que no puede existir una configuración del cuerpo sin una configuración de Los cuerpos, no se puede pensar en una reconfiguración unipersonal (como tampoco se puede pensar en una educación social individual). El desafío del artista está en la autoconfiguración de/en todos los cuerpos presentes y en deshacer la revolución unidireccional del ego y del 'yo'.

Toda revolución deja huellas en los cuerpos, fracciona el rostro, es cicatriz, es imborrable. Si el teatro no deja huella es porque no es cuerpo y si no es cuerpo no modifica. Todo es cuerpo. El vínculo presencial en la representación es único, es físico y tangible. Al igual que el Cuerpo Sin Órganos vive cuando entra en contacto con el organismo que lo hace vivir, no porque da vida si no porque se elige vivir.

El teatro ha olvidado el lazo fundamental que día a día acrecienta su mortalidad; el ser en/con el mundo. El mundo no llora la agonía del teatro porque el teatro no es parte del mundo. Cuando muere un revolucionario muere el cuerpo de la revolución y muere el mundo, es como si se muriera el propio cuerpo, y el funeral de ese cuerpo es terrible porque es el duelo colectivo de todos los ideales y es el duelo de mi muerte. El teatro debe ser cuerpo-revolución, crear cuerpo y revivir cuerpos. El actor debe configurarse y autoconfigurarse cuantas veces sea necesario. Debe morir tantas veces como cuerpos contactados sin modificar. Debe deshacerse de sí hasta encontrar su sí en medio de todos, debe ser el mundo.

Bibliografía

Artaud, Antonin. "Mensajes revolucionarios". Ed. Fundamentos. Madrid: 1976.

Artaud, Antonin. “El teatro y su doble”. Ed. Edhasa, Barcelona: 1978

Chirolla, Gustavo. “Vitalismo y Cuerpo sin Órganos en Gilles Deleuze” en http://www.javeriana.edu.co/cuadrantephi/sumario/articulos22.htm

Cornago, Óscar. "Éticas del cuerpo". Ed. Fundamentos. Madrid: 2008

Deleuze, Gilles “El cuerpo de Spinoza” en http://www.con-versiones.com/nota0660.htm Texto extraído de "Diálogos", Claire Parnet - Gilles Deleuze, págs. 69-72, editorial Pre-textos, Valencia, España, 1980.

Fabbri, Paolo: "táctica de los signos". Barcelona. Ed. Gedisa: 1995

Fabbri, Paolo. "El giro semiótico". Ed. Gedisa. Barcelona: 2000

Sánchez, Rubén. “La locura en Spinoza una aproximacón foucaultiana” en http://www.javeriana.edu.co/cuadrantephi/sumario/sumario5.htm

Sánchez, M. José "El cuerpo como signo". Ed. Biblioteca Nueva. Madrid: 2004

1 ARTAUD, ANTONIN, Citado por Gilles Deleuze & Félix Guattari en Mil Mesetas. Ed. Pre-Textos, Valencia, 1988, p. 163 y en Francis Bacon. Logique de la sensation, p. 33

2 ARTAUD, ANTONIN “Mensajes revolucionarios”. Ed. Fundamentos. Madrid: 1976. Pág. 31

3 FABBRI, PAOLO. “El giro semiótico”. Ed. Gedisa, Barcelona: 2000. Pág. 67.

4 ARTAUD, ANTONIN. 1976. Pág.13

5 ARTAUD, ANTONIN. “El teatro y su doble”. Ed.Edhasa, Barcelona: 1978. Pág 14.

6 FABBRI, PAOLO: “táctica de los signos”. Barcelona. Ed. Gedisa 1995. Pág 210

DEL 'CUERPO SIN ÓRGANOS’ DE ARTAUD A UNA NUEVA CONFIGURACIÓN REVOLUCIONARIA DEL CUERPO